Me gustas porque no temes ser tú misma. Porque no te averguenzas de tus caídas, porque sonríes a pesar de la desdicha.
Me gustas porque floreces, una y otra vez . Y te has obligado a pasar por todas las estaciones, hasta llegar a la primavera.
Me gustas porque posees el secreto de las hierbas frescas en cada carcajada, porque con valentía, tremolas la bandera del amor propio a cualquiera que decida intimidar tu risa.
Me gustas porque avanzas con rebeldía y firmeza, arrancándote las costras de las rodillas. Y las exhibes en tu andar diciendo, arránquenme todo, despójenme, que ahora sé cómo florecen mis heridas.
Me gusta tu olor a libertad, a infinidad. Me gusta pensar que tu alma es étera y clara, que dejas una estela diáfana cada que andas.
Me gusta recordarte en tus valles, en los jardines dulces que has fabricado con esmero una y otra vez, empapándote las manos de tierra, de gravilla fina, mientras con cuidado sembrabas tus poesías.
Me gustas porque no has crecido, porque sigues siendo esa niña desnuda que baila bajo la aurora, encharcándose bajo la lluvia.
Me gustas porque has extirpado tu llanto, y has enraizado tu sonrisa al campo.
Me gustas, porque nunca has sido de nadie más que tuya, y aunque te entregas a la compañia, nunca te abandonas a ti misma.